Prithviraj Sukumaran acaba de encender la conversación alrededor de VARANASI con una declaración que, honestamente, suena como una clase magistral de actuación en una sola frase. En una reciente entrevista, el actor habló sobre las dificultades específicas de interpretar al villano de la película, revelando que su trabajo estuvo marcado por una limitación física que transformó completamente su manera de actuar.
“It was a particular position where all you do neck-down isn’t going to be seen. All you have at your disposal is on your face,” explicó Sukumaran, dejando claro que el personaje exigía un control absoluto de sus expresiones. En otras palabras: nada de gestos exagerados, nada de movimientos corporales para transmitir poder o amenaza. Todo debía sostenerse únicamente con el rostro, con la mirada, con microexpresiones y tensión emocional contenida.
Y esa es justamente una de las cosas más aterradoras para un actor: cuando te quitan todas las herramientas “visibles” y solo te queda lo más íntimo. La cara. El silencio. La presencia.
Según el propio Prithviraj, la situación era tan particular que prácticamente actuaba desde una especie de prisión interpretativa. Su cuerpo no era parte del lenguaje del personaje, lo cual lo obligaba a construir el villano desde la psicología y la sutileza, sin depender de recursos típicos del cine comercial donde el antagonista suele dominar con movimiento, violencia o teatralidad.
“It’s easily one of the most complex characters I have ever played,” remató, confirmando lo que muchos fans sospechaban: este no será el típico villano plano que aparece solo para ser odiado. Si el actor lo considera uno de sus roles más complejos, es porque el personaje probablemente tiene capas, contradicciones y una oscuridad mucho más sofisticada de lo que estamos acostumbrados.
Lo interesante de estas declaraciones es que también elevan las expectativas sobre VARANASI. Si el villano depende únicamente de lo que transmite con el rostro, estamos hablando de un tipo de terror o tensión más psicológico, más incómodo… y por lo mismo, más memorable. Ese tipo de actuación donde no necesitas gritar para asustar: basta con mirar.
Y si algo queda claro con sus palabras, es que Prithviraj Sukumaran no solo interpretó a un villano: tuvo que convertirse en uno desde lo mínimo, desde lo invisible, desde lo que no se puede explicar fácilmente. Porque cuando tu cuerpo no puede hablar, tu rostro se vuelve tu arma más peligrosa.