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  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

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La extraña comodidad de repetir una serie que ya vimos

Hay algo profundamente reconfortante en volver a una serie que ya conocemos de memoria. No importa cuántas veces hayamos visto el final, cuántos diálogos podamos anticipar o cuántas escenas sepamos exactamente cuándo van a doler. Repetir una serie es una forma suave de volver a casa.

En un mundo saturado de estrenos, elegir algo viejo puede parecer contradictorio. Pero ahí está el punto: no queremos sorpresas. Queremos saber que todo va a salir “bien”, o al menos como ya sabemos que saldrá. No hay ansiedad por entender la trama ni presión por mantenerse al día. Solo acompañar.

Estas repeticiones suelen coincidir con momentos de cansancio emocional. Cuando estamos agotados, el cerebro agradece lo familiar. Las series repetidas se transforman en ruido emocional seguro: están ahí, sostienen, acompañan, no exigen nada a cambio. Son una manta más que un desafío.

También ocurre algo curioso con el tiempo. Al volver a ver una serie años después, ya no somos los mismos. Cambia el personaje con el que empatizamos, cambian las escenas que nos duelen, cambian incluso los silencios que ahora entendemos mejor. La historia es la misma, pero el espejo es otro.

Tal vez por eso seguimos regresando. No solo para ver la serie otra vez, sino para vernos a nosotros en otro momento de la vida. Y en esa repetición, lejos de estancarnos, a veces encontramos una forma muy humana de avanzar.