Entrada destacada

000148

  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

000147




 


La cultura del archivo y la obsesión por preservar todo

Vivimos en una época donde casi nada se deja ir. Fotos, mensajes, canciones, borradores y versiones alternativas quedan guardadas en la nube, en discos duros o en plataformas que prometen memoria infinita. La cultura del archivo se ha vuelto una extensión natural de nuestra vida digital, impulsada por el miedo a perder algo que quizá nunca volvamos a necesitar.

Archivar ya no es solo una tarea histórica o académica, es un acto cotidiano. Guardamos conversaciones completas, incluso aquellas que no volveremos a leer. Conservamos imágenes borrosas, notas sin terminar y archivos duplicados, como si cada fragmento tuviera un valor potencial futuro. Esta acumulación crea una ilusión de control sobre el tiempo.

Sin embargo, preservar todo también tiene un costo. El exceso de memoria puede volverse abrumador. Revisar archivos antiguos no siempre reconforta; a veces confronta. Nos recuerda versiones pasadas de nosotros mismos que ya no reconocemos o momentos que preferiríamos haber dejado atrás.

Al mismo tiempo, esta obsesión revela algo profundamente humano: el deseo de permanecer. En un mundo acelerado, archivar es una forma de resistencia frente al olvido. Es decirle al tiempo que, al menos aquí, no puede borrar del todo.

Quizás el verdadero desafío no sea guardar menos, sino aprender a elegir qué merece ser conservado. Entender que olvidar también es una forma de avanzar y que no todo archivo necesita ser eterno para haber tenido sentido.