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El apego a lo que te lastima A veces no es amor lo que te mantiene ahí. Es costumbre. Es miedo. Es el recuerdo de lo que fue al principio. Es esa esperanza absurda de que, si aguantas un poco más, la persona volverá a ser como antes. O tal vez tú volverás a sentirte como antes. Y aunque sabes que te hace daño, sigues. Porque soltar no solo significa perder a alguien, también significa enfrentarte al vacío que queda. Y el vacío asusta más que el dolor conocido. El dolor, por lo menos, es familiar. Sabes cómo funciona. Ya aprendiste a sobrevivirlo. Lo triste es que el apego a lo que te lastima suele disfrazarse de lealtad. De amor verdadero. De “yo no abandono a nadie”. Pero muchas veces no es nobleza, es dependencia emocional. Es creer que tu valor está en resistir, en salvar, en aguantar. Y no debería ser así. El amor sano no te exige sacrificarte para demostrar que sientes. No te hace dudar de ti. No te deja con ansiedad. No te rompe y luego te pide que agradezcas los pedazos. ...

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El miedo a empezar de nuevo

Empezar de nuevo no es solo cambiar de lugar, de trabajo o de persona. Empezar de nuevo es aceptar que lo anterior ya no va a volver. Y eso, aunque sea necesario, duele.

Porque a veces uno no se queda en lo que lo lastima por amor… se queda por miedo a la incertidumbre. A no saber qué viene. A sentir que está tirando años a la basura. A reconocer que se equivocó.

Empezar de nuevo se siente como admitir derrota, cuando en realidad es un acto de valentía brutal.

Da miedo porque el comienzo siempre es incómodo. Es torpe. Es solitario. Es preguntarte “¿y si no puedo?” y aun así levantarte. Es volver a presentarte al mundo con heridas que todavía están frescas. Es reconstruirte mientras nadie aplaude.

Pero también tiene algo poderoso: el inicio no tiene historia.

No tiene traumas acumulados. No tiene discusiones repetidas. No tiene resentimientos guardados en la garganta. Es una página limpia. Y aunque al principio se sienta vacía, también se siente ligera.

Lo difícil es confiar en ti mismo otra vez.

Confiar en que puedes crear algo distinto. Que no necesitas quedarte en el mismo ciclo solo porque ya lo conoces. Que tu vida no se acabó porque algo terminó.

A veces lo más valiente no es seguir.

A veces lo más valiente es decir: “ya no quiero esta historia”

y escribir otra, aunque te tiemble la mano.