Entrada destacada

000148

  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

000117







Cuando la ansiedad se disfraza de intuición

Hay veces en que juramos que “sentimos algo raro”. Que estamos seguros de que algo va a salir mal. Que esa persona nos va a fallar. Que esa conversación va a terminar mal. Que el futuro viene con un golpe preparado.

Y lo decimos convencidos: “No sé… es mi intuición.”

Pero muchas veces no es intuición. Es ansiedad.

La intuición es silenciosa. Llega como un mensaje corto, firme, sin drama. No te grita, no te acelera el corazón, no te hace imaginar cien escenarios horribles. Simplemente te advierte, y luego se queda quieta.

La ansiedad, en cambio, es una película de terror sin pausa. Es tu mente produciendo tragedias como si fuera su trabajo. Es revisar mensajes, analizar tonos, leer entre líneas donde no hay nada, pensar demasiado en cada detalle hasta que todo se vuelve amenaza.

Y lo peor es que la ansiedad es muy convincente. Te hace sentir inteligente, preparado, alerta. Te hace creer que si piensas lo suficiente, podrás evitar el dolor. Pero no lo evitas. Solo lo vives antes de tiempo.

La ansiedad no predice el futuro.

Solo repite el pasado.

Repite heridas viejas, miedos antiguos, decepciones que no sanaron. Y entonces cualquier cosa mínima se convierte en señal, en alarma, en confirmación de que el mundo no es seguro.

Aprender a distinguir entre intuición y ansiedad es un acto de amor propio. Porque cuando lo logras, dejas de vivir en estado de guerra con la vida.

Y empiezas a vivir en presente, que es el único lugar donde de verdad existe la paz.