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  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

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El día en que te vuelves tu propio hogar

Hay un día, sin aviso, en que dejas de buscar refugio en los demás.

No porque te vuelvas frío, ni porque ya no quieras a nadie. Sino porque te cansas de depender. Te cansas de sentir que tu paz está en manos ajenas, como si alguien más tuviera la llave de tu estabilidad emocional.

Ese día empiezas a construir algo distinto: un hogar dentro de ti.

Empiezas a darte lo que antes pedías desesperadamente. Te hablas con más suavidad. Te perdonas. Te escuchas. Te respetas. Te das descanso sin sentir culpa. Te das amor sin exigirlo como si fuera una limosna.

Y no es un proceso bonito todo el tiempo. A veces duele, porque implica aceptar que muchas personas no supieron cuidarte como tú necesitabas. Implica mirar tu propia historia y reconocer cuántas veces te abandonaste por quedarte con otros.

Pero cuando empiezas a ser tu propio hogar, algo se acomoda.

Ya no buscas que alguien te complete. Ya no esperas que alguien te salve. Empiezas a elegir desde la calma, no desde el miedo. Y eso cambia todo.

Porque cuando eres tu hogar, la soledad ya no es castigo: es espacio.
El silencio ya no asusta: descansa.
La ausencia ya no destruye: enseña.

Y entonces, si alguien llega, no es para llenarte… es para acompañarte.

Porque por fin entendiste lo más poderoso: nadie puede quitarte lo que ya construiste dentro de ti.