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  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

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La necesidad de desaparecer un rato

No siempre queremos morir. A veces solo queremos desaparecer.

Desaparecer del ruido, de las responsabilidades, de las conversaciones obligatorias, de las expectativas ajenas. Desaparecer de la presión de tener que estar bien, de responder rápido, de ser productivo, de sonreír cuando por dentro no queda nada.

Hay días en que existir se siente como una tarea.

Y aunque suene dramático, es más común de lo que parece. Porque vivimos saturados. Saturados de información, de gente, de problemas, de comparaciones. Y llega un punto en que el alma pide silencio, como un cuerpo que pide agua.

Desaparecer un rato no es debilidad. Es una forma de sobrevivir sin romperse.

Es apagar el celular, dormir más, caminar sin rumbo, mirar el techo, escuchar música sin pensar, no hablar con nadie por unas horas. Es darte permiso de no ser útil, de no ser brillante, de no ser “el fuerte”.

Porque a veces lo único que necesitas es respirar sin ser observado.

Y después de esa pausa, aunque sea breve, vuelves distinto. No porque todo se solucionó, sino porque recuperaste algo esencial: espacio interno.

No todo el mundo entiende esa necesidad. Algunos lo toman como frialdad o distancia. Pero quienes han estado al límite saben la verdad: desaparecer un rato es, muchas veces, la manera más humana de seguir.