Entrada destacada

000148

  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

000113




 

 


Cuando te das cuenta de que ya no duele igual

Hay un tipo de sanación que no se anuncia. No llega con un momento épico ni con una frase motivacional. Simplemente un día pasa algo pequeño… y te das cuenta.

Ves una foto y ya no te aprieta el pecho. Escuchas su nombre y no se te cae el mundo. Pasas por ese lugar y no sientes esa punzada horrible. Y en vez de tristeza, aparece algo distinto: calma.

No felicidad, no celebración. Calma.

Y eso es extraño, porque durante tanto tiempo el dolor fue parte de tu rutina que incluso se volvió familiar. Te acompañaba a todas partes. Era tu sombra. Y cuando empieza a desaparecer, sientes un vacío raro, como si te faltara algo.

A veces hasta te da culpa. Como si sanar significara olvidar. Como si dejar de sufrir fuera una traición a lo que sentiste. Pero no lo es.

Sanar no borra lo que viviste. Solo lo acomoda.

Significa que el recuerdo sigue ahí, pero ya no manda. Ya no gobierna tus emociones. Ya no define tus días. Y eso es una victoria silenciosa, una de las más difíciles.

Porque el corazón no se cura de golpe. Se cura en pequeñas pruebas: en un mensaje que ya no esperas, en una canción que ya no te destruye, en una noche en la que por fin duermes bien.

Y cuando te das cuenta de que ya no duele igual… entiendes que, sin notarlo, volviste a ti.