Entrada destacada

000148

  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

000112




 


La versión de ti que ya no existe

A veces extrañamos a alguien… y resulta que somos nosotros mismos.

Extrañamos esa versión antigua que se reía más fácil. Que tenía ilusión. Que no se cuestionaba tanto. Que no estaba cansada. Esa versión que se enamoraba sin miedo, que hacía planes, que creía que todo iba a salir bien.

Y lo peor es que nadie te advierte que también puedes vivir un duelo por ti mismo.

Porque el tiempo no solo se lleva personas, también se lleva partes tuyas. Cambias por sobrevivir. Cambias por decepción. Cambias porque la vida te obliga. Y un día te miras y dices: “¿en qué momento me volví así?”

Pero hay algo hermoso en eso, aunque no lo parezca.

Esa versión que extrañas no murió porque era débil. Murió porque ya no era suficiente para sostenerte. Porque necesitabas crecer, endurecerte un poco, aprender a cuidarte. Lo que hoy eres es el resultado de todo lo que soportaste.

Y sí, tal vez ahora eres más serio, más desconfiado, más selectivo. Pero también eres más consciente. Más fuerte. Más real. Más capaz de proteger tu corazón.

No se trata de volver a ser quien eras. Se trata de integrar esa versión, agradecerla… y construir una nueva que también pueda sonreír, pero sin perderse.

Porque esa persona que fuiste no se fue para siempre.

Solo se transformó en alguien que aprendió a vivir.