Entrada destacada

000148

  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

000110




 


El miedo a estar bien

Suena absurdo, pero es real: a veces nos da miedo estar bien.

No miedo a la felicidad como tal, sino miedo a lo que viene después. Porque cuando has pasado mucho tiempo sobreviviendo, la calma se siente extraña. El silencio parece sospechoso. Y si de pronto todo va bien, tu mente empieza a preguntarse: “¿cuándo se arruina?”

Es como si el cuerpo no supiera relajarse. Como si estuviera entrenado para la tensión. Para la alerta. Para la decepción. Y entonces, incluso en los días tranquilos, hay una parte de ti que sigue esperando el golpe.

También está el miedo a merecerlo. A veces cuando algo bueno llega, uno siente que no lo ha ganado, que no lo merece, que en cualquier momento alguien se dará cuenta y te lo quitará. Ese pensamiento es cruel, pero común en quienes han tenido que luchar demasiado por todo.

Y hay otro miedo aún más profundo: el miedo a cambiar. Porque estar bien implica soltar hábitos que antes te protegían. Implica confiar. Implica bajar la guardia. Y bajar la guardia se siente vulnerable.

Pero estar bien no es una trampa. No es una ilusión. Puede ser simplemente un nuevo capítulo. Uno donde ya no tienes que demostrar nada, ni resistir todo el tiempo.

Quizás el verdadero desafío no es salir del dolor… sino aprender a quedarte en la paz sin sabotearla.

Porque sí: también se aprende a ser feliz.