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  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

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El cansancio de ser fuerte todo el tiempo

Hay un tipo de agotamiento que no se cura con dormir. No es físico, no es falta de energía, es un cansancio emocional: el cansancio de ser fuerte. De ser el que aguanta, el que resuelve, el que sigue adelante incluso cuando por dentro se está rompiendo.

Ser fuerte se vuelve una identidad. La gente se acostumbra a verte bien, a verte capaz, a verte estable. Y sin querer, empiezas a sentir que no tienes derecho a derrumbarte, porque si tú caes… ¿quién sostiene todo lo demás?

Lo complicado es que la fortaleza constante no siempre es valentía. A veces es supervivencia. Es no tener opción. Es acostumbrarse a tragarse el dolor porque no hay tiempo para procesarlo. Y cuando pasa el tiempo, uno se da cuenta de que ha estado viviendo en modo resistencia, no en modo vida.

El problema no es ser fuerte. El problema es no tener un lugar seguro para ser débil. Para llorar sin explicar. Para decir “no puedo más” sin sentir culpa. Para descansar sin sentir que estás fallando.

Porque incluso las personas más fuertes necesitan ser cuidadas. Necesitan pausa, ternura, comprensión. Y sobre todo, necesitan recordar que pedir ayuda no es rendirse.

A veces la verdadera fuerza no es aguantar más… sino permitirte soltar por fin lo que llevas cargando solo.