Entrada destacada

000148

  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

000094





La nostalgia por cosas que aún no terminan

Hay una forma extraña de nostalgia que no mira hacia atrás, sino hacia el presente. Es esa sensación de estar viviendo algo y, al mismo tiempo, extrañarlo. Como si una parte de ti ya supiera que esto no va a durar para siempre.

Pasa con personas, con rutinas, con etapas que no tienen fecha de caducidad clara. Un café de siempre, un mensaje que llega todas las mañanas, una canción que suena en el momento justo. Nada se está acabando… pero algo dentro tuyo ya lo está despidiendo.

Esa nostalgia anticipada no es tristeza pura. Tiene algo dulce, incluso agradecido. Es la conciencia de estar en medio de algo valioso. El problema es que, al notarlo, también aparece el miedo: ¿y si cambia?, ¿y si se va?, ¿y si este es el mejor momento y no lo sabemos?

Vivimos tan rápido que rara vez reconocemos los instantes que más vamos a extrañar. Por eso, cuando la nostalgia llega antes de tiempo, es casi una alarma suave: presta atención, mira mejor, quédate un segundo más.

Quizás no podamos congelar los momentos, pero sí habitarlos de verdad. Y tal vez esa nostalgia no sea una señal de pérdida, sino una prueba silenciosa de que algo importa más de lo que creemos.