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  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

Zara Larsson y la relación honesta con los comentarios en redes

 

Zara Larsson habló con i-D sobre uno de los aspectos más crudos de la vida pública: leer comentarios. Lejos de evitar las opiniones ajenas, la cantante confesó que es una lectora constante, incluso cuando las palabras duelen. Ser llamada “flop” decenas de veces al día, admite, es un recordatorio abrupto de su humanidad, de que detrás del personaje público hay una persona real.

Sus declaraciones reflejan una relación compleja con la validación digital. Por un lado, el impacto emocional es innegable; la repetición del juicio termina calando. Por otro, Zara demuestra una curiosidad casi analítica: quiere saber cómo se percibe su trabajo, cómo reacciona la gente y por qué. No se trata solo de ego, sino de entender el pulso emocional de su audiencia.

En una era donde muchos artistas optan por protegerse desconectándose, Zara elige exponerse. Esa decisión habla de vulnerabilidad, pero también de una necesidad de diálogo. Leer comentarios se convierte en una forma de termómetro cultural, aunque a veces queme.

Su honestidad abre una conversación más amplia sobre el costo emocional de la visibilidad constante y sobre cómo, incluso en medio del ruido digital, los artistas siguen buscando conexión real.