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  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

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La intimidad de escribir a mano.

En una era dominada por pantallas, escribir a mano se ha convertido en un gesto casi íntimo, incluso rebelde. Tomar un lápiz, apoyar la hoja y dejar que las palabras aparezcan sin autocorrección inmediata cambia por completo la relación con lo que pensamos. La escritura manual es más lenta, pero justamente ahí reside su poder.

Cada letra imperfecta refleja el estado de ánimo del momento. La presión del trazo, los tachones, los márgenes llenos de notas revelan emociones que un teclado suele ocultar. Escribir a mano no busca eficiencia, busca verdad. Obliga a pensar antes de avanzar, a sostener una idea el tiempo suficiente como para merecer ser escrita.

Muchos diarios personales existen solo en papel porque el papel no juzga ni interrumpe. No hay notificaciones, no hay formato correcto. Solo la conversación directa entre la mente y la página. En ese espacio, aparecen confesiones que difícilmente se escribirían en una nota digital.

Además, la escritura manual tiene memoria. Volver a un cuaderno antiguo es reencontrarse con una versión pasada de uno mismo, reconocible no solo por las palabras, sino por la forma de escribirlas. Es casi una huella emocional.

Quizás por eso, aunque todo avance hacia lo digital, escribir a mano sigue teniendo un lugar especial. Porque no se trata solo de registrar pensamientos, sino de habitarlos por completo, letra a letra.