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  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

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Aprender a Soltar lo que Ya Cumplió su Ciclo.

Soltar no siempre significa perder. A veces es simplemente reconocer que algo ya cumplió su propósito en nuestra vida. Personas, hábitos, ideas o etapas pueden haber sido necesarias en su momento, pero insistir en retenerlas puede generar más peso que alivio. Aprender a soltar es un acto de honestidad con uno mismo.

El apego suele nacer del miedo: miedo al cambio, a la incertidumbre o a quedarnos sin aquello que nos dio seguridad. Sin embargo, cuando algo deja de crecer con nosotros, comienza a limitar. Soltar no ocurre de un día para otro; es un proceso gradual, lleno de dudas y pequeñas despedidas internas.

Dejar ir también implica gratitud. Reconocer lo aprendido, lo vivido y lo compartido permite cerrar ciclos sin resentimiento. No todo lo que termina fue un error; muchas veces fue exactamente lo que necesitábamos para llegar al punto en el que estamos ahora.

Al soltar, se abre espacio. Espacio para nuevas experiencias, nuevas versiones de nosotros mismos y nuevas formas de habitar la vida. Aunque duela, soltar es una forma de cuidado. Es confiar en que lo que viene puede ser diferente, pero también necesario.