Entrada destacada

000148

  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

000076



 


 

 [IMAGEN]

 

El Arte de Cuidarse Sin Culpa.

Durante mucho tiempo se nos ha enseñado a poner las necesidades de los demás por encima de las propias. Cuidar, ayudar y estar disponibles se ha convertido casi en una obligación moral. Sin embargo, aprender a cuidarse a uno mismo no es un acto egoísta, sino una forma necesaria de equilibrio. El autocuidado no se trata de lujos, sino de respeto personal.

Cuidarse sin culpa implica escuchar las propias señales. Descansar cuando el cuerpo lo pide, decir que no cuando algo sobrepasa nuestros límites y permitirnos pausas sin justificar cada decisión. Estas acciones, aunque simples, suelen generar resistencia interna porque desafían la idea de que siempre debemos rendir o cumplir.

El autocuidado también es emocional. Significa elegir conversaciones que no drenen, espacios que brinden calma y pensamientos más amables hacia uno mismo. No siempre es fácil, especialmente cuando estamos acostumbrados a medir nuestro valor por lo que hacemos por otros.

Practicar el cuidado personal es aprender a sostenernos con la misma dedicación que ofrecemos afuera. Cuando dejamos de sentir culpa por priorizarnos, no solo ganamos bienestar, sino también claridad. Porque solo desde un lugar más cuidado podemos acompañar a otros de una manera genuina y sana.