Entrada destacada

000148

  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

000069










El silencio como paisaje: viajar sin moverse en un mundo ruidoso


Vivimos rodeados de estímulos constantes: pantallas, notificaciones y voces que se superponen sin pausa. En medio de ese ruido permanente, el silencio se ha vuelto un bien escaso, casi incómodo. Sin embargo, no es solo la ausencia de sonido, sino un espacio interior que permite detenerse y tomar conciencia. Explorar el silencio es una forma simple de reconectar con uno mismo.

Aunque suele asociarse al vacío o a la incomodidad, el silencio tiene muchas formas. No es igual el de una madrugada tranquila que el que queda tras una conversación intensa. En la naturaleza, por ejemplo, nunca es absoluto: siempre hay un murmullo leve que agudiza los sentidos. Cuando el ruido desaparece, la atención se vuelve más fina y el tiempo parece avanzar con otro ritmo.

Estar en silencio implica también enfrentarse a los propios pensamientos. Al principio puede resultar inquietante, pero si se sostiene, ese espacio comienza a ordenarlos. Aparecen ideas olvidadas, preguntas postergadas y una sensación de calma difícil de encontrar en la rutina diaria. Es un viaje interno que no requiere moverse de lugar.

Incorporar el silencio no exige grandes cambios. Basta con apagar el teléfono por unos minutos, caminar sin música o simplemente observar sin hablar. En un mundo que exige opinar y reaccionar todo el tiempo, el silencio se convierte en un pequeño acto de libertad y en un refugio al que siempre se puede volver.