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  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

Haymitch joven, Effie bebé y un Capitolio queer-coded: ya estoy viviendo por Sunrise on the Reaping

 

Desde hace días no se habla de otra cosa en mis chats y grupos: por fin vimos nuestro primer vistazo real a Panem desde los ojos de un joven Haymitch Abernathy… y yo estoy viviendo por esto.

El nuevo tráiler de The Hunger Games: Sunrise on the Reaping dura apenas dos minutos, pero basta para sacudirnos el polvo post-Ballad of Songbirds and Snakes y mostrarnos cuánto ha cambiado Panem desde que Tom Blythe logró que medio mundo —incluyéndome a mí, lo confieso— sintiera una pizca de compasión por el mismísimo Presidente Snow. Este salto de 40 años revela unos Juegos muy distintos a los de Lucy Gray Baird… y, sobre todo, un Capitolio que ya empieza a presumir el exceso visual que más tarde se convertiría en su sello.

 

Un Capitolio más extremo, más queer-coded, más… Capitolio

Lo primero que me dejó boquiabierto fue Drusilla Sickle, el nuevo escort del Distrito 12, cuyo look podría aterrizar en una runway de drag horror sin pedir permiso. Ese bob rojo severo, las chinchetas incrustadas como decoración facial (sí, tal cual del libro), y esa vibra estética de “la moda duele, cariño, pero se ve icónica”, anuncian claramente que el Capitolio está entrando en su era de aesthetic extremism. Un giro que, como buen gay, no puedo evitar apreciar aunque me dé escalofríos.

 

Su túnica de avispa y ese tocado tipo mirlo son puro espectáculo. Si Lucy Gray fue la chica más llamativa de su propia Cosecha con aquel vestido arcoíris, aquí Sickle se roba el show antes incluso de que alguien saque un nombre de la urna. También es evidente cómo los Juegos empiezan a volverse más televisivos, más coreografiados, más listos para el consumo masivo. Más “drag extravaganza” y menos “evento comunitario improvisado”.

Effie Trinket versión baby: un sueño fan-made hecho realidad

Cuando aparece Elle Fanning como una joven Effie Trinket, casi grité. No sé si se puede lograr un casting más perfecto. Aún no alcanza el nivel de extravagancia empolvada que Elizabeth Banks nos dio, pero esos pestañones agrupados, el colgante de mariposa tamaño XXL y el cabello decorado como árbol de Navidad Capitoliano me dieron todo lo que esperaba.

 

Me encanta cómo su inocencia contrasta con el Haymitch que sabemos que saldrá bañado en trauma. Esa Effie que todavía cree que “los Juegos son por el bien mayor” es rara, adorable y un poco perturbadora… justo como muchos personajes Capitolianos que amamos odiar.

Los tributos, ahora sí, con presupuesto

Otro detalle que me llamó muchísimo la atención fue la estética de los tributos. En la novela, Suzanne Collins los viste bastante simple. Pero aquí, Joseph Zada (nuestro nuevo Haymitch) y el resto lucen capa blanca dramática, de esas que uno solo puede usar si quiere que alguien la pise en plena pelea. ¿Práctica? No. ¿Cinemática? Absolutamente.
La estandarización del vestuario no solo es un upgrade estético; también señala que los Juegos ya se están tratando como un producto televisivo, casi como si fuera la primera temporada de RuPaul’s Drag Race, pero con más machetes y menos lip-sync.

 

Un escenario precioso y terrorífico (como los mejores hombres en mi vida)

Las tomas panorámicas del nuevo Quell me dejaron sin aire. Todo color caramelo, simétrico, casi bucólico. Y claro, ese Cornucopia que parece salida de Midsommar (ya saben, flores hermosas y vibes de “aquí seguro muere alguien en cinco minutos”). Es justo la manera Capitoliana de entender el espectáculo: belleza radiante sobre una base de pura violencia.

Quienes hemos leído el libro sabemos que este paraíso es solo fachada; debajo late un infierno hecho a la medida del morbo de Panem.

 

 

Pero lo que realmente me dejó enamorado…

No voy a mentir: mis momentos favoritos del tráiler son los pequeños destellos de Haymitch y Lenora, su sweetheart del Distrito 12. Esos segundos de ternura, ropa sencilla, miradas cálidas… se sienten como respirar un poco antes de sumergirnos en el caos.
Y sí, también amo ver a McKenna Grace tomando un papel tan grande, aunque me confronte con la triste realidad de que ya soy demasiado mayor para pertenecer al casting juvenil.

 

Ah, y por supuesto: Ralph Fiennes como el Presidente Snow. Ese abrigo rojo sangre es la metáfora visual más deliciosa y obvia del tráiler. Si el Capitolio es teatro, Snow es su estrella.

En resumen:
Estoy obsesionado.
Literalmente, ya estoy planeando mi outfit para el estreno.