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  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

Gorros, barbas y tristeza sexy: el video que demuestra que Bon Iver vive en todos nosotros

Bon Iver quiere desaparecer… pero nos deja un casting donde hasta Jacob Elordi se pega una barba postiza. Y honestamente: gracias.

Hay artistas que, sin quererlo del todo, se vuelven mitos. Justin Vernon es uno de ellos. Desde aquel “Skinny Love” que nos hizo llorar en 2008 como si nos hubieran dejado por mensajes de texto, hasta convertirse hoy en el filósofo introvertido del indie, Vernon ha vivido entre el estrellato y el rechazo absoluto a ser visto.

Y ahora, en pleno 2025, el hombre decide que está cansado.
Cansado de la fama, de la industria, del circo, de la obligación de ser Bon Iver en cuerpo físico.

Así que hace lo más Justin Vernon posible:
Graba un video musical donde realiza un casting para encontrar al próximo él mismo.

Y el resultado es una fantasía surrealista que solo podría existir en el universo Bon Iver: un teatro comunitario pequeño, blanco, casi vacío, donde figuras del mundo indie —y una muy inesperada estrella de cine de 1.96 metros— se colocan un gorrito, una barba, y canturrean con la voz ajena de Vernon mientras intentan reemplazarlo.

Ver a Cristin Milioti entregándose al drama, a Annie Clark canalizando a un leñador emocional, o a Jenn Wasner haciendo lip sync como si su vida dependiera de ello… es poesía.

Pero nada supera a Jacob Elordi, nuestro gigante melancólico bisexual-adoptado-por-la-comunidad, apareciendo con una barba marrón falsa que lo hace ver como si hubiera salido de un fanfic escrito por alguien que escucha Bon Iver en días de lluvia.
Está perplejo.
Confundido.
Hermoso.
Todo a la vez.

Y así, entre barbas falsas, gorp-core hipsterizado y una canción que parece flotar entre la melancolía y la esperanza, el video plantea una pregunta que Vernon lleva años insinuando:

¿Necesitamos realmente a Justin Vernon para tener Bon Iver?
¿O basta con la música?

Porque si algo ha dejado claro con SABLE, fABLE es que su corazón sigue ahí, incluso si él mismo quiere desaparecer de la escena. Es la paradoja perfecta: un creador que ama sus canciones con ferocidad, pero que ya no quiere poner su rostro, su cuerpo ni su fama al servicio del proceso.

Y en vez de escribir un ensayo sobre ello, nos regala este casting absurdo y tierno donde otros intentan habitar su esencia.

Yo, personalmente, creo que esta es una de las cosas más queer —no en identidad, sino en espíritu— que ha hecho Bon Iver.
La idea de multiplicar la identidad.
De ser y no ser.
De disolver el ego en un colectivo de voces que comparten un mismo deseo.

Quizá Bon Iver nunca fue un hombre, sino una emoción.
Y si Jacob Elordi con barba pegada ayuda a transmitirla, pues bienvenida sea la era del multiverso Bon Iver.