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  La estética de lo imperfecto y su atractivo silencioso Durante mucho tiempo se nos enseñó a buscar la perfección: líneas limpias, finales cerrados, resultados impecables. Sin embargo, existe una belleza persistente en lo imperfecto, una que no grita, pero permanece. Esa estética, a menudo pasada por alto, conecta con algo profundamente humano. Lo imperfecto transmite verdad. Un objeto desgastado, una voz que se quiebra, una obra inacabada revelan proceso, tiempo y experiencia. No intentan ocultar sus fallas; las integran. En un mundo saturado de filtros y correcciones, estas imperfecciones funcionan como puntos de anclaje a lo real. En el arte, lo imperfecto invita a la participación. El espectador completa lo que falta, interpreta lo que no está dicho. Esa apertura genera una conexión más activa, menos pasiva. La obra no se impone, dialoga. También hay una dimensión emocional. La imperfección ofrece consuelo, porque nos recuerda que no todo tiene que estar resuelto par...

ML - 751 - UNA TARDE PARA DOS


 
 

 

La inteligencia animal: una mirada más allá del instinto

Durante mucho tiempo, se pensó que los seres humanos eran los únicos capaces de razonar, planificar, usar herramientas o mostrar emociones complejas. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que muchas especies animales poseen formas de inteligencia sorprendentes, que invitan a replantearnos nuestra relación con el mundo natural.

Primates como los chimpancés y bonobos han sido observados usando herramientas para obtener alimento, comunicarse entre ellos a través de gestos y sonidos, e incluso resolver problemas complejos. Los cuervos, aves a menudo subestimadas, pueden recordar rostros humanos, planificar acciones futuras y resolver acertijos que requieren lógica. Delfines y elefantes muestran signos claros de autoconciencia, empatía y duelo por miembros fallecidos de su grupo.

Estos descubrimientos no solo enriquecen nuestra comprensión de otras especies, sino que también nos obligan a reconsiderar qué significa realmente ser inteligente. La inteligencia no debe medirse únicamente por la capacidad de hablar o construir ciudades, sino también por la adaptación al entorno, la cooperación social, la memoria, la creatividad y la resolución de problemas.

La forma en que tratamos a los animales muchas veces refleja una visión limitada de sus capacidades. Al comprender que no somos los únicos con conciencia o emociones complejas, deberíamos sentir una mayor responsabilidad ética hacia su protección y bienestar. Los animales no son objetos ni recursos: son seres con experiencias, necesidades y formas únicas de percibir la vida.

En definitiva, la inteligencia animal no disminuye la nuestra, sino que la complementa. Nos recuerda que no estamos solos en este planeta como seres pensantes. Observar y respetar la mente animal puede enseñarnos tanto sobre ellos como sobre nosotros mismos: nuestra humildad, nuestra empatía y nuestro lugar en la red de la vida.